viernes, 27 de diciembre de 2013

Tutoria: Textos complementarios. La vendedora de palabras, Isabel Allende



La vendedora de palabras.  Isabel Allende
 
 

Hemos escogido este cuento de Isabel Allende de su libro “Cuentos de Eva luna” porque muestra las grandes posibilidades que  en la vida tienen aquellos que saben manejar las palabras. Las palabras sirven a nuestros actos,  emociones,  inquietudes o ansiedades. Todo el mundo las utiliza: los periodistas, los comediantes, los publicistas, los abogados y, por supuesto, los políticos.

El coronel  no es más que un pobre hombre solitario que anhela el poder. Todo el mundo lo ve como un ser horrible, capaz de realizar las mayores atrocidades para lograr sus propósitos y ya está cansado. Está cansado de clavar el cuchillo en la garganta del pueblo. Está harto de sembrar el terror y contrata a Belisa.

La joven, que había nacido en una familia pobre, descubre  las pocas posibilidades que tiene en la vida: convertirse en una prostituta o trabajar como criada en las casas de los ricos. Al comprender el valor de las palabras, decide utilizarlas para triunfar en la vida: su oficio será “vender palabras”. Este peculiar oficio le obliga a estudiar y cuando el mulato la secuestra porque el Coronel quiere verla se siente en la obligación de ayudarlo, es una obligación inexcusable ya que si no lo hace pueden torturarla. Pero ella se siente obligada moralmente a ayudarlo, ya que siente lástima del dictador.  

El discurso presidencial que le escribe no lo conocemos. Te proponemos pues que intentes escribirlo.   ¿Cómo debe ser un discurso presidencial? ¿Qué debe decir?  

Ten en cuenta además la presión a la que se ve sometida la protagonista. Puedes investigar: conecta el televisor a la hora del telediario. Fíjate en los discursos de los políticos. Muchos de ellos son demasiado amanerados e insinceros. El tuyo, el de Belisa es distinto.  Debe ser un discurso que tenga fuerza, nada de prometer aquello en lo que uno no crea o intentar adular al público.  Una vez escrito, practica la dicción, lee en voz alta lo que has hecho, gesticulando como si fueras un político. Inventa, a continuación, esas dos palabras que le dirías al coronel, aquellas que Belisa le regala.

Belisa Crepusculario había nacido en una familia tan mísera, que ni siquiera poseía nombres para llamar a sus hijos. (...) Hasta que cumplió doce años no tuvo otra ocupación ni virtud que sobrevivir al hambre y la fatiga de siglos. Durante una interminable sequía  le tocó enterrar a cuatro hermanos menores y cuando comprendió que llegaba su turno, decidió echar a andar por las llanuras en dirección al mar, a ver si en el viaje lograba burlar a la muerte. (...)Belisa Crepusculario salvó la vida y además descubrió por casualidad la escritura. Al llegar a una aldea de las proximidades de la costa, el viento colocó a sus pies una hoja de periódico. Ella tomó aquel papel amarillo y quebradizo y estuvo largo rato observándolo sin adivinar su uso, hasta que la curiosidad pudo más que su timidez. Se acercó a un hombre que lavaba un caballo en el mismo charco turbio donde ella saciara su sed.

-¿Qué es esto?- preguntó.

-La página deportiva del periódico-replicó el hombre sin dar muestras de asombro ante su ignorancia.

La respuesta dejó atónita a la muchacha, pero no quiso parecer descarada y se limitó a inquirir el significado de las patitas de mosca dibujadas sobre el papel.

-Son palabras, niña. Allí dice que Fulgencio Barba noqueó al Negro Tiznao en el tercer round.

Ese día Belisa Crepusculario se enteró de que las palabras andan sueltas sin dueño y cualquiera con un poco de maña puede apoderárselas para comerciar con ellas.

Consideró su situación y concluyó que aparte de prostituirse o emplearse como sirvienta en las cocinas de los ricos, eran pocas las ocupaciones que podía desempeñar. Vender palabras le pareció una alternativa decente. A partir de ese momento ejerció esa profesión y nunca le interesó otra. Al principio ofrecía su mercancía sin sospechar que las palabras podían también escribirse fuera de los periódicos. Cuando lo supo calculó las infinitas proyecciones de su negocio, con sus ahorros le pagó veinte pesos a un cura para que enseñara a leer y escribir y con los tres que le sobraron se compró un diccionario. Lo revisó desde la A a la Z y luego lo lanzó al mar, porque no era su intención estafar a los clientes con palabras envasadas.

Varios años después, en una mañana de agosto, se encontraba Belisa Crepusculario en el centro de una plaza, sentada bajo su toldo vendiendo argumentos de justicia a un viejo que solicitaba su pensión desde hacía diecisiete años. Era día de mercado y había mucho bullicio a su alrededor. Se escucharon de pronto galopes y gritos, ella levantó los ojos de la escritura y vio primero una nube de polvo y enseguida un grupo de jinetes que irrumpió en el lugar. Se trataba de los hombres del Coronel, que venían al mando del mulato, un gigante conocido en toda la zona por la rapidez de su cuchillo y la lealtad hacia su jefe. Ambos, el Coronel y el Mulato, habían pasado sus vidas ocupados en la guerra civil y sus nombres estaban irremisiblemente unidos al estropicio y la calamidad(...) No quedó en el sitio del mercado  otra alma viviente que Belisa Crepusculario, quien no había visto jamás al Mulato y por lo mismo le extraño que se dirigiera a ella.

-A ti te busco- le gritó señalándola con su látigo y antes que terminara de decirlo, dos hombres cayeron encima de la mujer atropellando el toldo y rompiendo el tintero, la ataron de pies y manos y la colocaron atravesada como un bulto de marinero sobre la bestia del Mulato. Emprendieron galope en dirección a las colinas.(...)

Ella quiso saber la causa de tanto maltrato y él le explicó que el coronel necesitaba sus servicios. Le permitió mojarse la cara y enseguida la llevó a un extremo del campamento, donde le hombre más temido del país reposaba en una hamaca colgada entre dos árboles. (...)

El Coronel se puso en pie y la luz de la antorcha  que llevaba el Mulato le dio de frente. La mujer vio su piel oscura y sus fieros ojos de puma y supo al punto que estaba frente al hombre más solo de este mundo.

-Quiero ser el Presidente- dijo él.

Estaba cansado de recorrer esa tierra maldita en guerras inútiles y derrotas que ningún subterfugio podía transformar en victorias. Llevaba muchos años durmiendo a la intemperie, picado de mosquitos, alimentándose de iguanas y sopa de culebra, pero esos inconvenientes menores no constituían razón suficiente para cambiar su destino. Lo que en verdad le fastidiaba era el terror en los ojos ajenos. Deseaba entrar a los pueblos bajo arcos de triunfo, entre banderas de colores y flores, que lo aplaudieran y le dieran de regalo huevos frescos y pan recién horneado (...) Su idea consistía en ser elegido por votación popular en los comicios de diciembre.

-Para eso necesito hablar como un candidato. ¿Puedes venderme las palabras para un discurso?-preguntó el Coronel a Belisa Crepusculario.

Ella había aceptado muchos encargos, pero ninguno como ése, sin embargo no pudo negarse, temiendo que el Mulato le metiera un tiro entre los ojos o, peor aún, que el Coronel se echara a llorar (...)

Toda la noche y buena parte del día siguiente estuvo Belisa Crepusculario buscando en su repertorio las palabras apropiadas para un discurso presidencial, vigilada de cerca por el  Mulato.

Descartó las palabras áspera y secas, las demasiado floridas, las que estaban desteñidas por el abuso, las que ofrecían promesas improbables, las carentes de verdad y las confusas, para quedarse sólo con aquellas capaces de tocar con certeza el pensamiento de los hombres y la intuición de las mujeres. Haciendo uso de los conocimientos comprados al cura por veinte pesos, escribió el discurso en una hoja de papel y luego hizo señas al Mulato para que desatara la cuarta con la cual la había amarrado por los tobillos a un árbol. La condujeron nuevamente donde el Coronel y al verlo ella volvió a sentir la misma palpitante ansiedad del primer encuentro. Le pasó el papel y aguardó, mientras él lo miraba sujetándolo con la punta de los dedos.

-¿Qué carajo dice aquí?- preguntó por último.

-¿No sabes leer?

-Lo que yo sé hacer es la guerra- replicó él.

Ella leyó en voz alta el discurso. Lo leyó tres veces, para que su cliente pudiera grabárselo en la memoria. Cuando terminó vio la emoción en los rostros de los hombres dela tropa que se juntaron para escucharla y notó que los ojos amarillos del Coronel brillaban de entusiasmo, seguro de que con esas palabras el sillón presidencial sería suyo.

-Si después de oírlo tres veces los muchachos siguen con boca abierta, es que esta vaina sirve, Coronel- aprobó el Mulato.

-¿Cuánto te debo por tu trabajo, mujer?- preguntó el jefe.

-Un peso, Coronel. –

-No es caro- dijo él abriendo la bolsa que llevaba colgada del cinturón con los restos del último botín

-Además tienes derecho a una ñapa. Te corresponde dos palabras secretas- dijo Belisa  Crepusculario.

-¿Cómo es eso?

 

Ella procedió a explicarle que por cada cincuenta centavos que pagaba un cliente, le obsequiaba con una palabra de uso exclusivo. El jefe se encogió de hombros, pues no tenía el menor interés en la oferta, pero no quiso ser descortés con quien lo había servido tan bien. Ella se aproximó sin prisa al taburete de suela donde él estaba sentado y se inclinó  para entregarle su regalo (...)

-Son tuyas, coronel- dijo ella al retirarse – Puedes emplearlas cuando quieras.

El Mulato acompaño a Belisa hasta el borde del camino, sin dejar de mirarla con ojos suplicantes de pero perdido, pero cuando estiró la mano para tocarla, ella lo detuvo con un chorro de palabras inventadas que tuvieron la virtud de espantarle el deseo, porque creyó que se trataba de alguna maldición irrevocable.

Bachillerato: La argumentación


La argumentación


Definición: Un texto argumentativo defiende una opinión o tesis mediante razones.

El emisor, alocutor, periodista... pretende convencer de su punto de vista al lector y para ello se vale de argumentos, razones o pruebas.

Estructuras argumentativas. Analizante o deductiva: Sintetizante o inductiva: encuadrada, en paralelo, argumentación por refutación.

Analizante o deductiva: la tesis es presentada al principio del escrito y después se exponen todas las ideas que apoyan la tesis inicial.

Sintetizante o inductiva: es al revés. Se parte de un análisis de los hechos para terminar sacando una conclusión, que es la tesis.

Estructura encuadrada: la tesis aparece al principio y termina con una conclusión que es la afirmación de la idea expuesta al principio del texto.

En paralelo: Se exponen muchas ideas pero no hay una tesis clara ni una conclusión.

Argumento por refutación. El emisor pretende refutar, contradecir mediante argumentos la opinión del otro.

Podemos encontrarnos con argumentos que "se enganchan" unos con otros de forma lineal. Cada argumento se enlaza con el anterior y el paso de uno a otro es evidente. El silogismo es así una argumentación en cadena:

Los hombres son mortales. Sócrates es un hombre. Luego Sócrates es mortal.

Otro ejemplo de argumentación en cadena: Los chicles contienen azúcar. El azúcar estropea los dientes. Por lo tanto no debes comer chicle.

A veces un argumento necesita ser demostrado por otro. Aparece así una estructura compleja en la que se articulan:

-argumentos principales que conducen a la conclusión o tesis

-argumentos secundarios que prueban a los anteriores

-conclusión o tesis.

Ejemplo: Señores del jurado: La legítima defensa es un derecho natural reconocido por la ley. Está probado que el atracador disparó primero contra mi cliente. ¿Qué podía hacer sino defenderse? Solicito su absolución.

Premisa o argumento principal La legítima defensa es un derecho reconocido.

Prueba del argumento secundario : La ley lo dice.

Premisa o argumento principal: El atracador intentó matarle.

Prueba: argumento secundario: Le disparó primero.

Conclusión: luego hizo bien en defenderse y matar al atracador.

Como sucede en las cadenas, que se rompen si un eslabón es débil, este tipo de razonamiento se invalida si uno de los argumentos falla o si el paso de uno a otro no es correcto. Si falla un argumento, la argumentación cae por su propio peso.

Por ejemplo: No está probado que el atracador disparara.

Partes del texto argumentativo:

Introducción ( exordio): tiene como finalidad principal presentar el tema y predisponer favorablemente al receptor ( auditorio) para que acepte la tesis; para ello, la lengua dispone de una serie de recursos tales como: apelar a un precedente, aceptado universalmente, y en el que se basa la tesis defendida; aducir valores compartidos o hechos de la tradición; recurrir ala autoridad o la compasión y las emociones del auditorio, etc.

Exposición de los hechos (narratio): En ella se basa el emisor para que el receptor conozca la tesis defendida y se sitúe a favor del argumentador. Desde este momento el relato de los hechos y la presentación de los datos (premisas) tienen ya el valor de argumentación. Para ello utiliza recursos del tipo: relatar historias o acontecimientos que favorezcan la argumentación, aportar datos objetivos (cuadros, estadísticas, imágenes, etc) y, por tanto, incuestionables, utilizar comparaciones, etc.

Argumentación( argumentatio): El emisor expone los argumentos que estima oportunos a favor de la tesis que se defiende y de los que se sirve también para refutar los argumentos de la parte contraria. Para que su argumentación no resulte taxativa el emisor puede reducir en parte la fuerza argumentativa de los mismos haciendo algún tipo de concesión al contrario.

Conclusión: ( peroratio): sirve para reforzar la tesis y a veces invita a los destinatarios a actuar de una forma determinada. Es el recuerdo o la recapitulación de lo más importante que se ha expuesto. Supone la revalorización de todo lo dicho anteriormente.

 

 

 

 

 

 

 

 ¿Qué pueden hacer por ti las palabras?
Mari Carmen Moreno Mozo
 

¿Qué pueden hacer por ti las palabras? ¿Pueden acaso mimetizarse en los objetos, darte las buenas noches? Las palabras no pueden alimentar la carne silenciosa aunque se desborden como un río. Su capacidad para jugar por los rincones de la casa    al escondite se esfuma cuando percibes que no pueden decirte en qué oscuro firmamento brilla la estrella oscura que te ha enmudecido.


Otros blogs:

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Mari Carmen Moreno Mozo

Inéditos: Sin artificio, muéstrate como eres.


 

Sin artificio, muéstrate como eres.

 

 
 
Si los delfines mueren de amor

pobre de mí, qué harán los hombres

que tienen tristes los corazones.

Cancionero de la lírica tradicional

 

 

Confieso que te he fallado, Raúl. Tú me ayudaste tanto, intentaste protegerme contra todo, sin embargo, no te he hecho nunca  ni pizca de caso. Todas las enmiendas que tú has forjado para contrarrestar mis actos, las he malogrado yo. Por eso, querido amigo, te pido perdón.  Todavía no sé lo que siento hacia ti,  aún debo aclarar mis sentimientos.  Primero he de abrir la caja de Pandora. Necesito darme un respiro, antes de bucear en mis sentimientos. Ahora me siento vulnerable. ¿En qué narices he estado pensado? Siento en la nuca el aliento de cosas que preferiría olvidar, no sabes cuán insignificantemente  soy. El pasado es frágil e inestable, pero aún no sé a dónde me dirijo.. Sé que me he evadido en otras ocasiones, pero ahora y de repente, ¿de qué quieres hablar?

Dices que Jaime es un cabrón y un sinvergüenza y tienes razón. Pero, ¡qué dolorosa es la despedida! Sabes que lo he querido. ¡Cómo romper de repente unos hilos que nos han unido durante tantos meses!  Tu carta quema entre mis manos. He estado tan herméticamente encerrada en mi mundo que no me he dado cuenta de los cambios que se producían a mi alrededor y ahora esos cambios han llegado demasiado lejos. ¿Cómo he podido estar tan ciega? ¿Cómo es posible que nunca me haya dado cuenta de lo que sentías? No es que no quiera hablar contigo. Sí, sí que quiero, pero primero tengo saber a dónde me dirijo. Ojalá pudieras ayudarme a entender. No quiero que pienses que tu amistad no significa nada para mí, significa mucho, lo que ocurre es que estoy colapsada, desconcertada y he de ordenar mis sentimientos.  Siento que floto en un sueño y cuando despierto nada tiene sentido. Sé que tienes un nudo en la garganta, pero no puedes obligarme a que te quiera. La vida es algo más que salir con alguien. Una y otra vez he sentido esa retahíla, tú mismo me lo has dicho en más de una ocasión. Así que ahora sólo te pido que esperes. Simplemente no estoy preparada para hablar de ello, ¿te vale? Cuando era pequeña pensaba que la vida siempre era justa, pero ahora me doy cuenta de que no es así. Ahora sé que es una idea ridícula. Quiero saber por qué no te conozco, por qué siento que te has metamorfoseado. Recuerdo lo que hemos vivido juntos a una velocidad vertiginosa. Y aunque digas que me quieres yo me siento profunda e infinitivamente sola y aturdida,  como si todo sucediese al margen de mí misma. Nadie parece ser consciente de que yo soy una persona de carne y hueso con sentimientos. No voy a salir con un chico sólo porque él sienta algo por mí, eso sería una estupidez. Luego imagino la suplicante mirada de tus ojos. ¡¡¡Ay, tú siempre has sido mi mejor amigo!!!

 

Miedo

Las dudas se clavaron como espinas entre nosotros.

Indeleble la barrera del miedo.

Miedo a volar y perder todo lo que un día

fue sólo nuestro.

Malditas horas de incertidumbre.

Los ojos perdidos en la oscuridad.

La ansiedad que mata…

Que destrozo ese deseo mío.

Roto y vacío nada te dije

y volví a sentir miedo.

 

Este fin de semana es idéntico a otros. Llamó Ágata a las dos. Hemos quedado en el bar de siempre  Mientras espero que todos lleguen, escucho un murmullo de risas al fondo,  un murmullo que conozco muy bien. La gente apiñada ante la caja pide su propia consumición.   

­­­­­­        –Un cortado- digo muy bajito. 

Creo que tus amigos van  a asesinarme  con su mirada. Ya sé que todos saben que tú me gustas, pero no me atrevo a decirte ni pío. Secas tus manos y te acercas. Sonríen tus amigos, acechando cada mirada mía. Sólo son  miradas  desesperadas.  Mi mano flácida, tembletea de pánico, pero yo  me hago  el firme propósito de adelantarme hasta a mesa más próxima, sin derramar el líquido y sin siquiera mirarte.  Para ti, probablemente es un juego;  para mí,  es una tristeza continua, un deseo que atraviesa las mesas y me dirige a ti sin que yo pueda hacer nada. Luego, cuando vuelvo a  casa,  me derrumba esa tristeza  tonta que todo lo envuelve y que únicamente habla de mis sentimientos.  

 Es una paranoia estúpida, ¿por qué no actúo? ¿Qué voy a perder? ¿Mi dignidad?


 

Tu mirada en mi mirada, diosa, virgen, inocente

consigue su objetivo, atrapa mis ojos.

Y el color de mi corazón, pintado de verde,

ahogado de amor.

Entre la gente grita esa mirada. ¿Me comprendes, verdad?

¿Me quieres, verdad?

¿Qué dices?– Gritan mis ojos sin querer, 

clavados en el vacío.

Al fondo, sí, allí estas. Dibujas más y más palabras

que se enredan entre las sillas y la gente.

Subes hacia mí, haciéndome sentir esa locura

de mirarme y humedecer tu corazón con mis sueños.

La luz de tus ojos es un semáforo verde.

que atraviesas el humo y los gritos.

Escucho el ruido del silencio. La multitud está muda.

Sólo oigo el lenguaje de tus ojos.

 

No puedo desasirme de esa  mirada tuya: empiezas  lentamente por las mesas más alejadas a la mía, ni me atrevo a dirigir mis ojos a ese puntito perdido, me quedo removiendo el cortado,  intentando mostrar una seguridad ilusoria. Reconozcámoslo: ¿A quién pretendo engañar? Casi rozas esa mirada mía aderezada con palabras dulces, disfraz de mi amor hacia ti.

 En el cajón, la carta de Raúl me desengaña más que todos esos chismes que he escuchado por ahí. Amigas –como Ágata –  incordian en mis sentimientos.

-Deberías quitártelo de la cabeza  porque ha salido con tantas tías que sus lamentos recorren la barra del bar donde trabaja.  Te ha elegido como presa y ese toma y daca no tiene ningún sentido. En todos esos actos se muestra su calaña, o pasas de él o acabarás más rayada que un disco de vinilo con la canción de siempre. Sé cuánta razón tienen, pero no las escucho y hago caso omiso a sus palabras.  Nuevamente el poema de Raúl, pretende poner las cosas en su sitio. Tampoco me sirve para nada, porque sigo erre que te erre.

 

Ni un mínimo gesto traspasa la maleza de tu alma.

Se clava mi mirada en ti. ¡Te escapas!

Corto la corteza del árbol y sangra. Silba el golfo.

Te marchas.

Ni siquiera me miras al pasar.

Yo grapada a tu corazón y tú

balanceándote.

Vienes                         Te vas.

Me cuesta creer que tengas tanto poder

para conseguir que llore cuando al alba

me asusto porque otra espina ha roto el rayo del sol.

¡Qué sola se queda mi alma!

Ella esta bañada con tus ojos.

Esos que reflejan un encanto especial.

Sólo vanidad quizás...

 

Tu carta es más descorazonadora si cabe. En ella, amigo mío, haces caso omiso de mi entusiasmo y me descubres lo que se esconde detrás de esa mirada. Tienes tanta razón que me duele reconocerlo.

¡Ah! Si cuando alguien te gusta, se te nota mucho; no te preocupes, que con buena técnica  se  acaba  disimulando. Lo mejor es no mirarle los ojos o  estás perdida. Los ojos desenmascaran nuestras inquietudes. La persona puede disimular, pero los sentimientos acaban saliendo a flote. Si cada vez que lo ves te tiemblan las piernas, lo mejor que podrías hacer es no verlo porque así lo único que consigues es amargarte la vida y dejarle claro que le vas detrás,  con lo cual ten por seguro que se reirá de ti todo lo que quiera y más, en cuanto te gires. Por lo visto tienes una fobia con las miraditas que no ves más de tres palmos  y él que te mire una persona no significa nada, puede estar criticándote o pensando en otra. Si vas a hablar con él (como pretendes)  acabarás por estropearlo todo y ten por seguro que no se cortará un pelo si te rebajas de ese modo.

 Es como un jarro de agua fría, ahí donde más me duele, en esa herida que acaba de abrirse. Ni pizca de caso. Tienes que reconocer, al menos, que en este caso, te equivocaste de lleno; porque hice acopio de valor y conseguí lo que quería. Sé que no estuviste de acuerdo, ya que deje de lado mi dignidad,  algo que nunca deberían arrebatarnos.  Yo sabía muy bien dónde me metía, aunque no quise reconocerlo. Jaime no era trigo limpio, un día u otro esa burbuja de aire que me había construido alrededor de nuestro amor,  estallaría de pleno. Tus consejos ponían las cosas en su sitio, me hacían ver lo que había detrás de ese niñato por el que sentía una atracción fatal. 

 

Mari Carmen Moreno Mozo

Fragmentos


 

 

Poesía inédita: Eva al desnudo.


 
 
 
Eva al desnudo

Los orificios de su cuerpo

aúllan imperceptibles, 

como terrones de azúcar

mojados de emociones.

 

Como pelotas apretujadas

por sueños temblorosos.

 

Hasta traga saliva el frenesí

salvaguardando los silencios.
 
Mari Carmen Moreno

Análisis sintáctico    Bachillerato.
 

1. Cada uno se ocupó de sus propios asuntos.   Complemento de régimen.

2. ¿Quién es el culpable de esto?  Atributo, de esto (complemento del atributo)

3. Pensó en el momento decisivo de su compromiso. Complemento de régimen.

4. Se sentía culpable ante su novia. Predicativo.

5. Pueblos enteros habían quedado sepultados por las lluvias. Predicativo, complemento circunstancial de causa.

6. El oscuro cielo se confundió con el mar de nieve. Complemento de régimen.

7. Después de su vana palabrería, el hombre le contestó irritado.  Predicativo.

8. El profesor preguntó malhumorado al alumno la lección.  Predicativo, complemento indirecto, complemento directo.

9. La dama miró al asesino horrorizada.  Complemento directo, predicativo.

10. El espanto y la incertidumbre se apoderaron de ella.  Complemento de régimen.

11. En la reunión se trataba del asunto de los desahucios.  Complemento de régimen.

12. El padre trataba a sus hijos equitativamente.  Complemento directo, complemento circunstancial de causa.

13. Rafa Nadal se mostró muy agradecido por el premio. Predicativo.

14. El alumno estaba extraordinariamente satisfecho con el resultado de sus notas.   atributo.

15. Encontró al hombre encorvado a consecuencia de los golpes. Complemento directo, predicativo.

16. Trató a su hija con mucha dulzura.  Complemento directo, C. C. de modo.

17. A las ocho de la noche, en la sucursal, los directores del banco trataron del tema de los despidos.  Complemento de régimen.

18. Más allá del poblado se extendían las estepas. Sujeto. Marca de pasiva refleja.

19, El soldado fue condenado por algunos actos poco dignos de un militar. Complemento circunstancial de causa.

20. La estancia consistía en un cuartucho maloliente. Complemento de régimen.

21. La recibió un hombre bastante feo y de fiera catadura.  Complemento directo, sujeto.

22. Ayer se enteró de la noticia de la boda de su mejor amigo.  Complemento de régimen.

23. Tras el examen, los alumnos acosaron a preguntas al profesor.  Complemento de régimen. Complemento directo.

24. ¡Ya estoy acostumbrada, querido señor! Vocativo.

25. ¡Qué miedo tenía a las espeluznantes escenas de la película!  Complemento directo, complemento indirecto.

26. A mí se me ha parado el reloj ahora. A mi, complemento indirecto, se (marca de voz media), me (complemento indirecto), el reloj, sujeto.

27. Ella casi siempre comía en casa de sus padres. Complemento circunstancial de tiempo.

28. Tras un breve preámbulo, el examinador  sacó el cuestionario del bolsillo.     Sujeto, complemento directo.

29. Después de la ruptura se quedó muy decepcionado.   Predicativo.

30. En esos momentos le hubiera hecho trizas.   Complemento indirecto, complemento directo.

31. Le pidió asustado una recuperación a su profesor.   Complemento indirecto, predicativo, complemento directo, complemento indirecto.

32. Su desvergüenza lo irritó bastante.    Complemento directo, C. C. de cantidad.

33. No esperaba tan pronto esos duros golpes de la vida.  Complemento directo.

34. Ella se ocupaba de las labores domésticas en la casa.   Complemento de régimen.

35. Me hubiera inquietado terriblemente   tu tardanza.   Complemento indirecto, predicativo, sujeto.

36. Aquel hombre era un insolente calumniador.  Atributo.

37. La mujer encontró convenientes y conmovedoras   sus palabras.  Predicativo, complemento directo.

38. Ella era rencorosa por naturaleza.  Atributo.

39. Después de la discusión la madre cayó enferma de tristeza.   Predicativo.

40. El desprecio le pareció indecente e injusto.  Complemento indirecto, atributo.

41. Mi padre no se preocupaba nunca de mí.   Complemento de régimen.

42. Este año los jefes están muy contentos con el resultado de los negocios.   Atributo.

44. Después de esa noche él la dejó tranquila.  Complemento directo, predicativo.

45. Se enteró de la noticia por otros.   Complemento de régimen.

46. Pronto se dio cuenta de la astucia de su marido.   Complemento de régimen.

47. Antes ya le había hecho varias advertencias.   Complemento indirecto, complemento directo.

48.  María había considerado más prudente   el alejamiento.   Predicativo, complemento directo.

49. El sindicalista era el portador de un llamamiento a la rebelión.   Atributo.

50. En presencia del auditorio nos leyeron las bases de la convocatoria.   Complemento indirecto, complemento directo.

 

Prof. Mari Carmen Moreno Mozo.

Práctica de Análisis sintáctico. Oración simple.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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